La calle está abarrotada de personas,
pero no me sirve si siento que sus sombras se alejan.
Al final acabo por tocar un Oda por todos los suspiros entre alientos,
me cuentan como la amiga de los nocturnos, la que danza entre demonios.
Les miro a la cara, escupo al suelo y continuo sin ellos.
Todos con el camino corto y la venda que le vuelve todo oscuro,
aquí la mediocre en el suelo mojado derribando muros.
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